Es la otra persona la que me otorga su confianza, en el momento que lo decide.
Lo único que yo puedo hacer es crear condiciones en las que la otra persona se sienta cómoda de darme su confianza. Generalemente tiene que ver con qué tan competente se siente ella en mi presencia.
¿Cómo la observo? ¿Actúa con naturalidad ante mi, o la veo frustrada, sin saber qué hacer, perdida? Si recuerdo que esto tiene que ver con ella y no solamente conmigo, me es más fácil observar qué acciones mías generan las reacciones que no me gustan en ella. Es decir, si no me culpo a mi mismo, puedo transformar nuestra relación para construir confianza.
Invirtiendo en nuestro futuro juntos, puedo crear posibilidades de acción que establezcan la relación de confianza. Una estrategia que a veces resulta iluminadora es actuar como si esa persona confiara plenamente en mi. Encuentro que actúo muy distinto cuando se que el otro confía en mi, que cuando siento que no lo hace.
Por ejemplo, cuando alguien confía en mi, me siento plenamente comprometido con lo que me pide. Si ya dije que sí, muero en la raya antes de fallarle. Hago hasta lo imposible, y le digo abiertamente si existe la posibilidad de no cumplir en tiempo y calidad de lo comprometido. A veces este simple cambio me muestra cómo yo contribuyo a la desconfianza, e inclusive me enseña específicamente en qué puntos no vemos el mundo igual.
Por otro lado, si observo que confía en mi en algunas cosas y otras no, puedo capitalizar esta confianza esforzándome por agradecerla explícitamente y cumplir cabalmente con las situaciones a las que me compromete.
Por último, puedo hablar abiertamente con el otro acerca de cómo me siento en su presencia. Muchas veces, las personas tienen motivos para desconfiar en general, o para desconfiar de mi en particular, pero son incapaces de observar lo que yo siento en esa situación si yo no se los digo.
La confianza puede ser otorgada con facilidad a alguien que nos hace sentir significativos e importantes, que nos da el lugar que nos corresponde en la relación. A alguien que reconoce nuestras competencias y nos brinda las suyas plenamente, sin excesiva competitividad y con sincero reconocimiento por nuestra mutua contribución. Y, por cierto, es más fácil confiar en alguien que consistentemente nos dice las cosas directa y honestamente que en alguien que nos engaña.
Así que, si quieres que alguien te de su confianza, pariticipa con él. Aprende cómo le gusta involucrarse e involucrarte. Recibe su influencia con gusto y ofrece la tuya con seguridad. Pídele que te diga cómo se siente en su presencia, escuchando de manera que le invites a ser más honesto.
Y recuerda...sigues estando en sus manos. Haz para ti el ejercicio del peor escenario:
¿Qué harás si nunca confía en ti?Imagina el caso y observa lo que sucede contigo. A mi me ha servido en más de una ocasión para relajarme al respecto y colocar mis energías donde realmente me interesa tenerlas.
Si este asunto es relevante a tu situación actual, coméntalo con tu coach o escribe tus comentarios aquí para que continuemos la conversación. Solo tienes que oprimir la liga "post a comment". Confío plenamente en que lo harás si sientes la necesidad...
¡HASTA PRONTO!
