Keith Yamashita y Sandra Spataro en su formidable libro UNSTUCK dicen:
La confianza es una cuenta de banco. Invierte a menudo.
Parte del problema, por cierto, es cómo definimos la confianza. A menudo la vemos como algo que los demás se tienen que ganar. Tienen que hacer "ciertos méritos" para que yo suelte prenda. Y vice versa.
Esto crea una excesiva tensión en las relaciones que no necesariamente lleva a la confianza. Para mi, la ecuación se resuelve exactamente al revés. Soy yo quien otorga mi preciosa confianza a quien me venga en gana. En ocasiones, me equivoco y confío en quien menos debiera. La confianza sigue siendo mía y puedo retirarla cuando quiera.
En otras ocasiones, no la doy a quien debiera y esto retrasa la solidez de nuestra relación y de los resultados que podemos dar juntos. ¡Qué pena! ¡Me choca cuando esto sucede!
Siempre, por supuesto, actúo de acuerdo a mis propios temores. Es necesario evaluar: qué es lo peor que podría suceder si me equivoco al darle mi confianza a esta persona (o grupo de personas). Entonces puedo decidir si hay algo que pueda hacer para otorgar la confianza a la vez que evito el peor escenario. Muchas veces se trata incluso de hablarlo abiertamente. Decir, "confío en ti para esto, aunque tengo miedo de aquello. Estaré pendiente yo misma de esto otro para sentirme mas tranquila..."
Vale la pena reflexionar: ¿Cómo otorgo mi confianza? ¿Qué miedos tengo al respecto? ¿Cuáles son los riesgos reales?
Encuentro que este es un buen tema para una larga escritura automática (10 a 15 minutos) y un análisis a fondo en el contexto del coaching. Para muchos de nosotros, este es un tema central en las relaciones. Ojalá podamos compartir a través del botón de comentarios lo que encontramos en este autoanálisis.
En el próximo artículo veremos el lado contario de la moneda:
¿Cómo puedo generar condiciones para que el otro me otorgue su confianza?

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