No hay balance sin elegir y no hay balance sin renunciar. Elegir siempre implica tomar un camino y no los demás. Es esta pérdida lo que a veces nos congela sin decidir.
La rueda gira inexorablemente hacia el futuro de mi vida y si me quejo de tener demasiado en mi plato, es preciso elegir. Cuando me encuentro abrumado por las decisiones, no me doy cuenta de que muchas veces no es la elección lo que me preocupa, sino la renuncia que implica. Entonces, renuncio, pero a mi derecho de elegir y dejo correr las cosas a ver a dónde llego. ¿Suena familiar?
Es importante hacer la reflexión: ¿En qué aspectos estoy renunciando a mi derecho de elegir? ¿Qué cargos ya van en automático a la cuenta del tiempo de mi vida?
En ocasiones nos sentimos agobiados por la cantidad de demandas que existen sobre nuestro tiempo. Este es otro ejemplo de elección, central para el balance de vida. ELIGE hoy - más concientemente que de costumbre- en qué ocupas tu tiempo y recuerda que el tiempo es tuyo. Seguramente esto implicará dejar algunas cosas. Asegúrate de que éstas sean las que por ahora no tienen prioridad en tu vida.
A menudo me preguntan cómo le hago para hacer tánto y para cubrir los múltiples roles que he elegido: madre, profesional, consultora, escritora, cantante, amiga, confidente, voluntaria. El secreto es elegir bien y una vez electo, vivir plenamente cada momento, en el presente. Incluyendo, los momentos en que visualizo mi futuro. También implica, por supuesto, que en ocasiones se me pasa la mano y se desbalancea mi vida con demasiado que hacer. En ese momento, hago cita conmigo y llevo a cabo el ejercicio que describí en este artículo. Cada nueva versión del ejercicio me aclara más quién soy y quién quiero ser.
¿Estás eligiendo activamente tu inversión de tiempo?
lunes, noviembre 01, 2004
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