El trabajo ennoblece.
O mejor dicho, debiera ennoblecer. El trabajo es un aspecto de la vida que, si nos llena y nos hace mejores personas, puede ser una gran fuente de satisfacción. Lo importante es cómo enfocamos el trabajo con respecto a nuestra energía vital. ¿Resulta una fuente de vitalidad y gusto por vivir? ¿Es divertido y emocionante trabajar? ¿Nos sentimos útiles a la sociedad, a la organización, a nuestra comunidad, a nosotros mismos? Encuentro que demasiadas personas han renunciado a estas preguntas y a las aspiraciones que llevan implícitas.
La verdad es que para todos los seres humanos es central sentirnos importantes, capaces, queridos. En el cambiante mundo del trabajo, a veces se dificultan esas sensaciones tan básicas y relevantes.
A veces, por ejemplo, confundimos el sentirnos importantes con el sentirnos indispensables. Modelamos nuestro trabajo de manera que las cosas no pueden ocurrir si no estamos, si no firmamos, si no vemos, si no autorizamos. Esto, por supuesto, nos ayuda a sentirnos significativos. Por cierto, también nos atrapa en una jaula construida con esa significancia mal entendida. Nos quejamos de que nuestros colaboradores no deciden, no trabajan igual sin nosotros, no están comprometidos...y en secreto envidiamos su habilidad para ir al cine con la pareja, convivir con los hijos y tener amigos a quienes ven mas de una vez al año. No nos atrevemos a cambiar el patrón, porque entonces no estaríamos seguros de nuestra importancia. Si los tiempos fueran mejores, ¿trabajaríamos igual?
El éxito y la percepción que de él tengamos, también influye en nuestras actitudes hacia el trabajo. Tendemos a repetir acciones que nos han dado éxito y con las que nos sentimos plenamente competentes. Esto ocasiona muchas veces un desequilibrio, ya que tendemos a continuar haciendo lo que hacemos bien, aunque ya no sea lo que se requiere.
Por último, si nos gusta cómo nos sentimos cuando trabajamos y no tánto cuando no lo hacemos, tendemos a basar nuestra propia agradabilidad en una identidad profesional que se vuelve todo para nosotros.
En la era industrial, ganaba mas en todos sentidos quien producía mas cosas. Mas tiempo invertido en producción, mas objetos producidos. Entre mas rutinaria la tarea, mas cierto se volvía esto. Así que nos acostumbramos a valorar el trabajo arduo y largo como sinónimo de una persona admirable por su labor. Sin embargo, en la era de la información, lo que se valora mas y mas es el talento, la creatividad y las ideas. Tres cosas que salen mejor cuando uno está descansado, dispuesto y equilibrado en su vida.
¿Quieres saber cuál de estos desequilibrios se aplica a ti? Observa a tus héroes. ¿A quién admiras por su trabajo? ¿Qué le admiras? ¿Está en equilibrio?
Reflexiona con tu coach este aspecto de la vida tan central e importante. Explora acciones que puedes tomar- o dejar de tomar - hoy mismo para acercarte al equilibrio. Revalora y redefine tus conceptos de éxito y trabajo. Valdrá la pena, en todos los aspectos de tu vida.
